Compartir es vivir

24 junio, 2015 Ramón Roldán Vergara

Compartir es vivir

Advierto de que el siguiente contenido es subjetivo, pues muestra una única perspectiva, por ello no debiera de ser necesariamente una idea verás en su totalidad. A priori, dicho contenido está diseñado para ser evaluado, juzgado y no simplemente aceptado.

Aristóteles empezó su Metafísica con el enunciado: “Todos los hombres por naturaleza desean conocer”. Los hombres y por extensión los seres humanos, son un conjunto de materia de organización compleja en el que existe un sistema de comunicación interno y externo permitiendo el intercambio de materia y  energía; per se, la comunicación es una acción y efecto insuficiente para nuestra existencia, en otras palabras, no existiríamos si las células de nuestro cuerpo únicamente se comunicaran entre sí y no compartieran -de aquí la importancia de compartir y no simplemente comunicar- materia y energía entre ellas; a partir de entonces, cobra sentido el enunciado: Compartir es vivir. Por todo ello, al ser humano se le adjunta el derecho de enseñar y aprender. Aprender está estrechamente vinculado con conocer, así pues, enseñar con compartir; de modo que estamos ante componentes puramente innatos, inherentes o connaturales al propio ser humano.

Continuando con el enunciado citado de Aristóteles, hay que renunciar definitivamente al esquema del humano alienado por el estado y/o adormecido por los media (léase, conjunto de los medios de comunicación) y que debe ser contrainformado; la información ya está ahí, de todos los signos posibles y al alcance de todos/as. Luego, no debemos caer en ello, hay que apostar por comunicar la comunicación, por la inteligencia colectiva[1] y por su espacio natural, el ciberespacio. Pero no solo esto, sino por engrandecer además el vasto conocimiento humano.

El conocimiento no genera caos, es la ausencia de este el que lo propicia; en noviembre de 1945, tres meses después de los bombardeos atómicos, J. Robert Oppenheimer se amparó a la actitud científica diciendo: “No es posible ser científico a menos que se crea en que el conocimiento del mundo, y el poder que éste conlleva, es algo de valor intrínseco para la humanidad, y en que uno lo está usando para promover la difusión del conocimiento y está dispuesto a soportar las consecuencias”.

El dilema está servido, algunas personas pensarán que estamos en el punto más elevado de la perfección del mal extremo; otros creerán férreamente en la Ley de Murphy, es decir, en que “Cualquier cosa que pueda salir mal, saldrá mal” (de hecho, esta es la Ley de Finagle, lo que en sí mismo demuestra que Finagle tenía razón); y otros que vivimos en el mejor de los Mundos.

En cualquiera de los casos debemos de comprender que “no es la humanización de la tecnología lo que debemos buscar, sino su socialización. No es posible humanizar algo que es exclusivamente humano. La socialización es lo que permite un crecimiento exponencial de las capacidades humanas” (CARBONELL y SALA, 2000).

Partiendo de estas ideas, presentamos los principios éticos que debemos amparar para el engrandecimiento del ser humano:

  1. No hagas daño. Análogamente citamos al Juramento Hipocrático[2]. El objeto es la búsqueda de conocimiento, no hay deseo o necesidad intrínseca de destruir.
  2. Protege la privacidad. Al separar la información pública de la privada, la ética de la información libre pasa a ser ambigua; el trazo divisorio es cuestión personal y política.
  3. No derroches. Los recursos informáticos no deben permanecer desaprovechados e inactivos. Dé usos nuevos y sugiera mejoras; aunque esto último, puede ser considerado como favor.
  4. Exceda las limitaciones. Decir que algo no se pude hacer, se convierte en un imperativo moral para intentarlo. No necesariamente hay que violar la norma, el ingenio nos permitir hacer lo mismo de otra forma y respetando a la norma.
  5. Imperativo comunicacional. La comunicación y asociación es derecho humano fundamental; tal es así, que para algunos es más importante que la propia norma.
  6. No deje huellas. No exhibirse es útil más allá de la propia seguridad.
  7. Comparta. La información incrementa su valor al compartirse con otras personas.
  8. Confía, pero mantente alerta. Siguiendo el imperativo de manos a la obra en sistemas técnicos y sociales, cualquier descubrimiento puede contribuir a la mejora del sistema.

[1] Inteligencia que surge de la colaboración y concurso de muchos individuos de una misma especie. Más.

[2] Juramento público que hacen los que practican con pacientes o se gradúan en ciertas disciplinas. Más.

  • CARBONELL, E., y SALA, R. (2000). Planeta humà. Barcelona: Empúries [hay trad. cast.: CARBONELL, E., y SALA, R. (2000). Planeta Humano. Barcelona: Península].
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Ramón Roldán Vergara

Maestro de Educación Primaria enamorado del atletismo en general y de los concursos de particular. Atleta nacional de atletismo desde 2006; especialista en Salto de Altura. Titulación: Grado en Educación Primaria, mención Educación Física (US 2010-2014); Máster Universitario Oficial en Dificultades del Aprendizaje y Trastornos del Lenguaje (UOC, 2018-2019) y Monitor Nacional de Atletismo (RFEA - ENE 2012) entre otros. ESLOGAN: La clave del éxito: Insistir, Resistir y Persistir. MOTIVOS PARA PRESUMIR: Nunca se es lo suficientemente bueno en algo como para poder presumir de ello.

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