La ventaja equivalente del niño sordo

20 agosto, 2019 Ramón Roldán Vergara

La ventaja equivalente del niño sordo

En esta ocasión, recojo la historia real de un niño que nació sin orejas. Aprovechando este relato de un niño sordo quiero poner en relieve dos aspectos: desconfiar del veredicto de los médicos, no así de sus pronósticos; y el poder de la confianza sumado a un deseo ardiente.

«Trabajé por un salario de jornalero sólo para descubrir, perplejo, que cualquier paga que hubiera pedido a la Vida, ésta me la hubiese pagado de buen grado» (Hill, 2012).

El deseo lleva ventaja sobre la madre naturaleza

Vino a este mundo sin ningún rastro físico de orejas, y el médico admitió, cuando se le pidió su opinión sobre el caso; que el niño sería sordo de por vida.

Su padre, se opuso a la opinión del médico. Estaba en su derecho. Tomó una decisión y se formó una opinión, pero expresó esa opinión en silencio, en el fondo de su corazón.

En su interior supo que su hijo oiría y hablaría. ¿Cómo? Estaba seguro de que tenía que haber una manera, y sabía que la encontraría. Pensó en las palabras del inmortal Emerson: El curso de las cosas acontece para enseñarnos la fe. Sólo necesitamos estar atentos. Hay indicadores, claves, para cada uno de nosotros, y si escuchamos con humildad, oiremos la palabra justa”.

¿La palabra justa? ¡Deseo! Mucho más que ninguna otra cosa, él deseaba que su hijo no fuera sordo. De ese deseo no renegó jamás, ni por un segundo.

¿Qué podía hacer? Encontraría alguna forma de trasplantar a ese niño su propio deseo ardiente de dar con maneras y medios de hacer llegar el sonido a su cerebro sin la ayuda de los oídos.

Tan pronto como el niño fuese lo bastante mayor para cooperar, le llenaría la cabeza de tal manera de ese deseo ardiente, que la naturaleza lo traduciría en realidad con sus propios métodos.

Todos estos pensamientos pasaron por su mente, pero no habló de ello con nadie. Cada día renovaba la promesa que se había hecho a sí mismo de que su hijo no sería sordo.

Cuando creció y empezó a percibir las cosas que lo rodeaban, notaron que mostraba débiles indicios de que oía. Cuando alcanzó la edad en que los niños suelen empezar a emitir palabras, no hizo intento alguno de hablar, pero de sus actos podíamos deducir que percibía ciertos sonidos. ¡Eso era todo lo que su padre quería saber! Estaba convencido de que, si podía oír, aunque fuese débilmente, sería capaz de desarrollar una mayor capacidad auditiva. Entonces sucedió algo que le llenó de esperanza. Surgió de algo totalmente inesperado.

Un accidente que cambió una vida

Compraron un fonógrafo. Cuando el niño oyó la música por primera vez, entró en éxtasis, y muy pronto se apropió del aparato. En una ocasión estuvo poniendo un disco una y otra vez, durante casi dos horas, de pie delante del fonógrafo, mordiendo un borde de la caja.

La importancia de esa costumbre que adquirió no se les hizo patente hasta años después, ya que nunca habían oído hablar del principio de la conducción ósea del sonido. Poco después de que se apropiase del fonógrafo, el padre descubrió que podía oírme con claridad cuando le hablaba con los labios junto a su hueso mastoideo, en la base del cráneo.

Una vez hubo descubierto que podía oír perfectamente el sonido de su voz, empezó de inmediato a transferirle su deseo de que oyese y hablase. Pronto descubrió que el niño disfrutaba cuando le contaban cuentos antes de dormirse, de modo que su padre se puso a trabajar para idear historias que estimularan su confianza en sí mismo, su imaginación, y un agudo deseo de oír y de ser normal.

Había un cuento en particular, en el que su padre hacía hincapié dándole un renovado matiz dramático cada vez que se lo contaba. Lo había inventado para sembrar en su mente la idea de que su dificultad no era una pesada carga, sino una ventaja de gran valor. Pese al hecho de que todas las maneras de pensar que él había examinado indicaban que cualquier adversidad contiene la semilla de una ventaja equivalente, aunque realmente no tenía ni la menor idea de cómo se podía convertir esa dificultad en una ventaja.

¡Ganó un mundo nuevo con seis centavos!

Su padre pudo ver cómo la fe que depositaba su hijo en él tuvo mucho que ver con los sorprendentes resultados. El hijo no cuestionaba nada de lo que su padre le decía. El padre le vendió la idea de que tenía una ventaja original sobre su hermano mayor, y que esa ventaja se reflejaría de muchas maneras. Por ejemplo, los maestros en la escuela se darían cuenta de que no tenía orejas, y por ese motivo le dedicarían una atención especial y lo tratarían con una amabilidad y una benevolencia extraordinarias. Siempre lo hicieron. También le vendió la idea de que cuando fuese lo bastante mayor para vender periódicos (su hermano mayor era ya vendedor de periódicos), tendría una gran ventaja sobre su hermano, porque la gente le pagaría más por su mercancía, debido a que verían que era un niño brillante y emprendedor pese al hecho de carecer de orejas.

Cuando tenía unos siete años, mostró la primera prueba de que su método de apoyo rendía sus frutos. Durante varios meses imploró el privilegio de vender periódicos, pero su madre no le daba el consentimiento.

Entonces se ocupó por su cuenta del asunto. Una tarde en que estaba en casa con los sirvientes, trepó por la ventana de la cocina, se deslizó hacia fuera y sé estableció por su cuenta. Le pidió prestados seis centavos al zapatero remendón del barrio, los invirtió en periódicos, los vendió, reinvirtió el capital, y repitió la operación hasta el anochecer.

Después de hacer el balance de sus negocios, y de devolverle a su banquero los seis centavos que le había prestado, se encontró un beneficio de cuarenta y dos centavos.

Cuando volvieron los padres a casa aquella noche, lo encontraron durmiendo en su cama, apretando el dinero en un puño.

Su madre le abrió la mano, cogió las monedas y se puso a llorar. Su padre se sorprendió de la situación. Llorar por la primera victoria de su hijo le pareció fuera de lugar. La reacción de su padre fue la inversa, se puso a reír de buena gana, porque supo que su empresa de inculcar en la mente de su hijo una actitud de fe en sí mismo había tenido éxito.

Su madre veía a un niño sordo que, en su primera aventura comercial, se había escapado a la calle y había arriesgado su vida para ganar dinero. El padre veía un hombrecito de negocios valiente, ambicioso y lleno de confianza en sí mismo, cuyo valor intrínseco se había incrementado en un cien por cien, al haber ido a negociar por su cuenta y haber ganado. La transacción le agradó, porque había dado pruebas de una riqueza de recursos que lo acompañaría toda su vida.

El niño sordo que oyó

El pequeño sordo asistió a la escuela, al instituto y a la universidad, sin que fuese capaz de oír a sus maestros, excepto cuando le gritaban fuerte, a corta distancia. No lo llevaron a una escuela para sordos. Sus padres, decidieron que su hijo sordo no debería de aprender lenguajes alternativos o complementarios al habla. Habían decidido que viviese una vida lo más normal posible, y mantuvieron esa decisión, aunque les costó muchas discusiones acaloradas con funcionarios escolares.

Cuando estaba en el instituto, probó un aparato eléctrico para mejorar la audición, pero no le dio resultado.

Durante su última semana en la universidad, sucedió algo que marcó el hito más importante de su vida. En lo que pareció una mera casualidad, entró en posesión de otro aparato eléctrico para oír mejor, que le enviaron para probar. Estuvo indeciso en probar el aparato, debido a su desilusión con otro similar. Finalmente lo cogió, se lo puso en la cabeza, le conectó las baterías, y ¡sorpresa!, como por arte de magia, su deseo de toda la vida de oír normalmente se convirtió en realidad. Por primera vez oía tan bien como cualquier persona con audición normal.

Alborozado con el mundo diferente que acababa de percibir a través de ese aparato auditivo, se precipitó al teléfono, llamó a su madre, y oyó su voz a la perfección. Al día siguiente oía con claridad las voces de sus profesores en clase, ¡por primera vez en su vida! Por primera vez en su vida también, su hijo podía conversar con la gente, sin necesidad de que le hablaran con voz de trueno. Realmente, había entrado en posesión de un mundo distinto.

El deseo había comenzado a pagar dividendos, pero la victoria todavía no era completa.

El muchacho tenía que encontrar todavía una manera definida y práctica de convertir su desventaja en una ventaja equivalente.

Ideas que obran milagros

Sin apenas darse cuenta de la importancia de lo que acababa de obtener, pero embriagado con la alegría del descubrimiento de ese mundo de sonidos, escribió una entusiasta carta al fabricante del audífono, relatándole su experiencia. Algo en ella hizo que la compañía lo invitase a Nueva York. Cuando llegó, lo llevaron a visitar la fábrica, y mientras hablaba con el ingeniero jefe, contándole de su mundo recién descubierto, una corazonada, una idea o una inspiración, llámesela como se quiera, destelló en su cerebro.

Era ese impulso del pensamiento que convertía su dificultad en una ventaja, destinada a pagar dividendos en dinero y en felicidad por millares durante todo el tiempo venidero.

El resumen y el núcleo de ese impulso de pensamiento era así: se le ocurrió que él podría ser de gran ayuda para los millones de sordos que viven sin el beneficio de audífonos si pudiera encontrar una manera de relatarles la historia de su descubrimiento del mundo.

Durante un mes entero llevó a cabo una intensa investigación, durante la cual analizó todo el sistema de ventas del fabricante de audífonos e ideó formas y medios de comunicarse con los duros de oído de todo el mundo, decidido a compartir con ellos su nuevo mundo recién descubierto. Una vez lo tuvo hecho, puso por escrito un plan bienal, basado en sus investigaciones. Cuando lo presentó a la compañía, al momento le dieron un puesto de trabajo para que llevara a cabo su ambición.

Poco había soñado, cuando empezó a trabajar, que estaba destinado a llevar esperanza y alivio a millares de sordos que, sin su ayuda, se hubieran visto condenados para siempre a la sordera.

No me cabe duda de que Blair hubiera sido sordo toda su vida si su madre y su padre no se las hubiesen ingeniado para formar su mente tal como lo hicimos.

Cuando se sembró en su interior el deseo de oír y de hablar, y de vivir como una persona normal, alguna extraña influencia hubo en ese impulso que hizo que la naturaleza tendiese una especie de puente para salvar el golfo del silencio que separaba su cerebro del mundo exterior.

En verdad, el deseo ardiente tiene maneras tortuosas de transmutarse en su equivalente físico. Blair deseaba una audición normal; ¡ahora la tiene! Nació con una discapacidad que fácilmente hubiera desviado a alguien, con un deseo menos definido, a la calle, con un puñado de lápices en una mano y una lata vacía en la otra estando -posiblemente- sordo de por vida.

La pequeña mentira piadosa que su padre sembró en su mente cuando él era un niño, llevándolo a creer que su defecto se convertiría en una gran ventaja que podría capitalizar, se justificó sola. Ciertamente, no hay nada, correcto o equivocado, que la confianza, sumada a un deseo ardiente, no pueda hacer real. Estas cualidades están al alcance de todos.

  • Historia sacada y adaptada de Hill, N. (2012). Piense y Hágase Rico. Londres: Penguin Publishing Group.

CRÉDITOS:

     Atribución Algunos derechos reservados por Freepik desde www.flickr.com [Imagen utilizada].

, , , , , , , ,

Ramón Roldán Vergara

Maestro de Educación Primaria enamorado del atletismo en general y de los concursos de particular. Atleta nacional de atletismo desde 2006; especialista en Salto de Altura. Titulación: Grado en Educación Primaria, mención Educación Física (US 2010-2014); Máster Universitario Oficial en Dificultades del Aprendizaje y Trastornos del Lenguaje (UOC, 2018-2019) y Monitor Nacional de Atletismo (RFEA - ENE 2012) entre otros. ESLOGAN: La clave del éxito: Insistir, Resistir y Persistir. MOTIVOS PARA PRESUMIR: Nunca se es lo suficientemente bueno en algo como para poder presumir de ello.

CONTACTAR

El acceso a nuestros sitios web no está limitado si usted no aceptar las cookies, por lo que puede desactivarlas si lo desea; si no lo hace, las está aceptando. Más información

ACEPTAR
Aviso de cookies